martes, 24 de septiembre de 2013

El tipo de turismo que queremos en nuestras playas


El otro día estábamos mi pareja y yo en un trocito de playa que habíamos podido mendigar a los turistas. Solemos ir a media tarde; cuando va bajando la afluencia de público, aún así era un día caluroso y había muchísima gente. Alrededor nuestro había una familia con seis niños de entre cinco y diez años. La criaturitas no paraban de gritar, usar un lenguaje “nada” infantil, y reñir entre ellos. Para que no les molestasen los padres les dieron chucherías  que los niños entre grito y grito siguieron desparramando por el suelo, los plásticos volaban con el aire y llegaban hasta las toallas de todos los de alrededor. Luego, empezaron una batalla entre adultos y pequeños que prometía ser hasta divertida, pero lejos de eso se convirtió en una batalla de arena que llegó hasta el arco del triunfo de Paris, si es que no llegó un poquito más lejos. Allá por las nueve de la noche y después de que tres mocosos pilila en ristre mearan haciendo dibujitos por la arena mojada, bajo la atenta “risotada” de sus orgullosos padres; decidieron irse. Nosotros dábamos gracias a dios y a todos los santos de tan sabia decisión y esperábamos atentos para poder disfrutar de nuestra playa, ya llena de gaviotas, hasta las diez. Recogieron sin cuidado ninguno un sinfín de bártulos, y aparte de volvernos a llenar de arena a todos los de alrededor, que aún no éramos pocos, pudimos observar con cara de “vaya tela” como dejaban el lugar como si hubiesen estado en una cochiquera, en vez de en una playa de arenas blancas. Aún nos quedo ver como la mamá nos lanzaba una colilla encendida a los pies, mientras le decía al padre que hiciera su trabajo y cuidara a las “fieras”. Esto viene al caso de que vivo en una zona de playa al sur, las playas de Cádiz son ansiadas por miles de turistas por su blanca y fina arena que no se si saben que cuidan los ayuntamientos de la provincia para bien del turisteo, mientras nos cuecen al ciudadano de aquí, al que hemos mamado y vivido la playa desde chiquititos cocidos a impuestos y a restricciones. Tenemos una perrita a la que nos encanta llevar a la playa, la llevamos en invierno, cuando la playa está natural, el ayuntamiento se relaja, y la podemos disfrutar, suele estar “sucia” entonces de algas que las mareas traen hasta la orilla, y la costa huele a ese olor que cuantito subimos a Sevilla todos los gaditanos echamos de menos. Ese sabor salino en las aletas de la nariz. Nos gustaría llevar a nuestra perra en verano a la playa, y os puedo asegurar que mi perra tiene más educación que muchos que visitan nuestra costa todos los veranos, y a los que tratamos como reyes en pos del bien de la comunidad, porque vivimos y nos debemos cada día más, al turismo. Yo desearía que vinieran muchos turistas con perros y que esos turistas pudieran disfrutar nuestras playas con su mascota, porque sé que la gente que veranea con su animal, es otra calaña de gente, que no esa otra, que no tiene otra que aguantar al niño en verano, se dejó al abuelo en la residencia y posiblemente antes de salir para acá a su perro en la cuenta.

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