domingo, 7 de septiembre de 2014

La Colmena

                                                           




Enredaderas trepadoras se abalanzan sobre las mieles oscuras de abejas dóciles
Hay poco aire respirable, el ciego no quiere ver más allá de su nariz
Una suerte de amigas oportunas
Un ramillete de familiares no existentes
Una patulea de niños comilones
Un mundo acomodado a su innecesaria necesidad
Surgen como hongos venenosos la mentira y el engaño
No los toques, no los respires
No mueras solo por ser persona
No desaparezcas
No huyas
No, no
No temas
No desesperes
No mueras solo por ser humano
No escondas tus manos, respira
Surgen en todos lados, es la necesidad de ser bizarros
Un mundo perdido en su inmensidad inhumana
Una patulea de niños manazas
Un ramillete de familiares lejanos, alejados
Una suerte de amigas desaparecidas
Hay poco aire para todos, el sordo no quiere oír más allá de su oídos
Habitación cerrada y oscura que me encierra en una colmena de abejas no siempre dóciles



jueves, 4 de septiembre de 2014

Escape your glaze cage from September !




September
Wake up! 
Entry in the glaze cage!
Come out of your calm sea!
Flee from your silence!

Wake up! It´s urgent
Run! It´s occupies the packed classroom
Look obsessively!
It´s a digital blackboard
Fixe without any complaint letters in your empty brain.

Wake up! Run!
Flee fast! Don´t feel!
Only: complete! Copy! Read!...

Wake up!!
Escape from September

(Composición en inglés- M Yolanda Gª Ares)


Escapa de tu cárcel de cristal de Septiembre

Septiembre
¡Levántate rápido!
¡Entra en la cárcel de cristal!
¡Sal de tu mar tranquilo!
¡Huye de tu silencio!

¡Levántate, es urgente!
¡Corre!¡Ocupa el aula abarrotada!
¡mira obsesivamente la pizarra digital!
¡Fija sin rechistar letras en tu cerebro vacío!

¡Levántate, corre!
¡Huye de prisa!¡ No sientas!
Sólo: rellena, copia, lee...
¡Levántate!
escapa de Septiembre!

Traducción- M Yolanda Gª Ares


miércoles, 3 de septiembre de 2014

La corona de golosinas



                                                                                  

Había una vez un hombre que tenía una corona, era una corona muy apetitosa porque era de chocolate y golosinas y todos a su alrededor se sentían atraídos por ella. A cada merito que el hombre obtenía con su buen hacer, la corona aumentaba de tamaño, y según iba sumando éxitos y chucherías, más y más personas se agolpaban a su alrededor.
Un día vio un zigurat muy alto que tenía muchas escaleras. El hombre pensó que ya estaba preparado para subir hasta arriba y comenzó a ascender. De vez en cuando, como no iba solo, se paraba y se dirigía a alguien de su alrededor y les hablaba de este modo "- Hola, soy un hombre importante y tengo una corona, todos debéis de adorarme y de alabarme porque soy un hombre muy importante" y de esta forma se iba rodeando de personas que lo idolatraban y se iban comiendo sus chucherías, que él daba generosamente contar de que le rodeara mucha gente. A su alrededor veía rodar algunas personas hasta abajo del todo una y otra vez, una veces por cansancio y otras veces por falta de apoyo; él no se dignaba ni si quiera a ayudarlos  porque él llevaba una corona y podía perderla al agacharse. Tenía que cuidar su corona porque era su gran tesoro. Sin su corona nadie le querría.
Un día en su escalada, el hombre habló con una mujer a la que no conocía "Hola, soy un hombre importante y tú no sabes quién soy, pero como soy tan importante que debes de quedar conmigo para cenar", la mujer lo observó durante largo rato, y le dijo, solo puedo estar contigo este día, ósea hoy, los demás días me es imposible, además tendrás que dejar tu corona a un lado porque las personas que vienen a compartir mi mesa deben de estar todos a la misma altura, el hombre se rio de semejante ocurrencia y decidió ir a la cita con su corona, la mujer pensó mientras que nunca más lo vería. Ella siguió subiendo lentamente el zigurat, adquiriendo más y más sabiduría pero por la noche el hombre acudió día a la cita, el hombre y la mujer se saludaron amistosamente pero con reservas, cada uno se dejó su espacio, y se observaron disimuladamente un buen rato. Cuando se hubieron reconocido, por fin el hombre dejó a un lado, aunque no muy lejos, su corona y fue capaz de ser uno más en aquella mesa de amigos. Una vez terminó la reunión que fue muy agradable y amistosa, ambos estaban satisfechos del encuentro pero se despidieron con cierta pena y pensando en la posibilidad de no volverse a encontrar. El hombre cogió de nuevo su corona y se la encajó bien en la cabeza en el regreso a su casa. Iba pensando, nunca más me quitaré la corona.
Así que siguió subiendo escaleras y siguió encontrándose con gente y siguió presumiendo de que tenía una corona muy grande, pero según subía se sentía más cansado. Al llegar arriba del todo al pasar mucho tiempo, se encontró con una sorpresa. En la parte de arriba del zigurat había una mujer sentada en un trono, era una mujer mágica a la que cambiaba la cara constantemente, vamos a decir que era una mujer con la cara de todas las mujeres del mundo. A los pies del trono había un lago lleno de estrellas y encima de su cabeza una luna como una sonrisa. El hombre se sentó agotado en el borde del lago y absorto por lo que veía no supo cómo reaccionar, así que se quitó la corona y la dejó a un lado recordando la cena con la anterior mujer que no sabía por qué le recordaba mucho a esta aunque tuviese todas las caras de las mujeres del mundo.
El hombre por fin se dirigió a ella de este modo "- mujer, quiero seguir subiendo porque soy un hombre importante, quítate de la escalera que quiero pasar y ver el mundo desde el cielo". Ella sonrió con sus múltiples caras, que reflejaban a todas las mujeres del universo, y cada una tenía una sonrisa particular y especial. Ella se echó a un lado y dejó que el hombre se asomará por detrás del sillón. El hombre no esperó ni a que se retirara, impetuoso miró lo que le esperaba detrás del trono, entonces fue cuando descubrió que no había más escaleras, sino un gran precipicio y allí todas las penas del universo.
La visión de todo aquello lo dejó tan impresionado que afligido se sentó en el sillón y comenzó a llorar amargamente, pero al verse en el trono se calmó y le habló a la anfitriona "- Oye mujer, dame mi corona, que ahora este trono es mío, soy un hombre importante y merezco este trono", la mujer le miró con pena, y le dijo así con una voz firme pero melodiosa "- ¿dónde está tu corona?, Yo solo veo un montón de miguitas de colores en el suelo, no hay corona" El hombre se dejó llevar por la ira al ver que unos gorriones se habían comido su gran tesoro y comenzó a gritar exigiendo su corona.
 La mujer metió sus pies en el lago repleto de estrellas, inmediantamente una luna en forma de sonrisa se puso en su cabeza. La mujer parecía más majestuosa que cuando estaba sentada en el trono. Sintió lastima del hombre que tenía un berrinche de un niño pequeño. Durante mucho rato no le habló, solo dejó que se recreara en su dolor, sentado en el sillón que no era ni si quiera un trono.
Dejó pasar el tiempo, por fin pudo ver que el hombre iba remitiendo en su berrinche y estaba distraído mirando como ella movía los pies dentro del lago de estrellas. La luna brillaba como nunca sobre su cabeza, para dirigirse a él esta vez, prefirió dejar fija la cara de una mujer mayor "- Hombre no quiero reprocharte nada, pero te preguntaré que para qué te ha servido subir tan rápido el zigurat si ahora no sabes estar" Él la miró y se dio cuenta que había aprendido muy poco, porque había estado demasiado preocupado de exhibir su corona, y ahora no tenía corona, ni escalera para seguir subiendo, solo tenía un precipicio lleno de dolor y en frente una mujer vieja , un lago lleno de estrellas donde esa extraña señora se lavaba los pies con una luna brillante y sonriente sobre la cabeza. El hombre se sintió roto de dolor. Al levantar la cabeza pudo ver que la cara de la mujer ahora era la de una niña que le habló con entusiasmo "- Si quieres recuperar tu corona, solo tendrás que superar una prueba: baja al precipicio y recoge tres causas del dolor en el mundo, mételas en una bolsa mágica que te voy a dar y cuando regreses deberás sumergirte en el lago de las estrellas. Dentro del lago hay un baúl y deberás encerrar las tres penas y echar la llave, luego regresarás y tendrás tu corona". El hombre recobró las fuerzas y las ganas pensando que la petición de la persona aquella tan rara era un capricho, pero pensó que si lo hacía le dejaría tranquilo y podría escaparse de allí por alguna escalera escondida, eso sí, siempre hacía arriba.
El hombre comenzó a bajar al precipicio, y según bajaba por la escarpada roca, se iba viendo invadido por una pena terrible, se le iban poniendo por delante todas las penas del universo y su ánimo vacilaba, buscaba donde agarrarse a la desesperada para no caer al fondo, porque cada vez estaba más cansado y solo tenía ganas de no continuar, de repente se sorprendió pensando en que alguien le ayudaría, él que nunca había necesitado a nadie, ahora pensaba en una ayuda, y recordaba a las personas que rodaban a su lado hechas redondas cochinillas por las escaleras del zigurat, recordó que nunca se paró a ayudarlas, solo se limitaba a esquivarlas, y esto le provocó mucha desazón, y quiso abandonar, pero una voz a lo lejos cantaba "- Si dejas de bajar, la tristeza te inundará, coge las tres penas, guárdalas y sube de una vez, ya" y así tatareando, metió sus penas en la bolsa y comenzó a subir.
Cada vez iba más ligero y pronto se halló en el trono de nuevo, buscó a la mujer con la vista y no la vio, la luna ahora estaba redonda y completa sobre el lago. Decidido se tiró al agua oscura para acabar con aquella aventura estúpida, y al entrar a la misma se dio cuenta de que no había agua, nadaba en una especie de aire espeso, que no le dejaba controlar los movimientos, a su lado las estrellas se reían y le lanzaban sonrisas, pero no le hablaban, ni le ayudaban, lejos de eso, lo enmarañaban todo, haciendo que todos sus esfuerzos por llegar al fondo fueran inútiles, entonces cansado empezó a jugar con las estrellas, las lanzaba unas contra otras y solo se escuchaban risas aquí y allá. De pronto escuchó una voz que cantaba "- Si el baúl quieres encontrar, a la luz no debes de mirar, cierra los ojos y busca dentro de ti, ya" El hombre cerró los ojos y de momento estuvo tentado de volverlos a abrir, pero entonces pudo advertir que estaba allí en un rincón, perdido, había un baúl cerrado, y que no tenía llave, cerró los ojos muy fuerte y entonces pudo ver que el baúl se abría, metió corriendo las penas y lo cerró con su férrea voluntad.
Entonces comenzó a subir y bajar, pero no sabía por dónde salir, el hombre seguía con los ojos cerrados, y temía abrirlos por si se distraía con las alborotadoras estrellas de nuevo. Por fin comprendió que debía de abrirlos y al hacerlo se encontró flotando y con una gran luna llena en lo alto, las estrellas se habían retirado a descansar. El hombre pensó en lanzar una cuerda a la luna y así poder salir del líquido viscoso, pero no podía, no tenía cuerda. La luna seguía arriba brillante y oronda sin ni si quiera advertir que él estaba allí. Tan cansado estaba que se durmió. Soñó que la luna bajaba a por él y lo mecía entre su brazos, pero en ese momento se despertó, estaba en el sillón y la mujer mágica, que esta vez tenía la cara de una hermosa mujer, le dijo "- Ya puedes irte, has cumplido con lo pactado"
El hombre se sintió triste por un instante; pero inmediatamente preguntó con voz soberbia "- ¿Y mi corona?" La mujer le sonrió y cambió su cara a la de la mujer mayor, le dijo con voz inflexible pero dulce "- ¿La necesitas?" Entonces el hombre comprendió que no, que sin corona había vencido a la melancolía, había vencido su soberbia, había vencido a su tentaciones, había vencido al miedo, a la pereza, a la codicia, comprendió que ya no necesitaba una corona y comenzó a descender del zigurat por donde había venido, con la única idea de subir a otro zigurat, y a otro pero sin corona. La mujer por fin recuperó su sillón, quise decir trono, quise decir sillón....Metió los pies en el lago de las estrellas, dejó sus penas a la espalda, y se dejó acariciar por la luz de la luna. Su única misión era ayudar a los caminantes que habían perdido su corona.



                                   M Yolanda García Ares- La corona de golosinas


martes, 26 de agosto de 2014

Cuadros que hablan con color





Me mojo las manos en el añil, 
Deposito mis dedos como abanicos girando sobre un lienzo de ilusiones apagadas
Mar inmóvil, río estático

Mojo mis manos en el siena tostada,
dispongo sobre una forma infinita de piel ,
tierra mojada, 
curvas pinceladas.

Mojo mis manos en el bermellón,
beso de labios húmedos, que se pierden  en la madrugada.
Rojo, sangre derramada, seca, cuajada sin causa

Mojo mis manos en el amarillo brillante,
diseño un sol radiante de luz que estalla detrás de un cristal sin brillo
Ámbar sin cucaracha milenaria,
 ocre de un jardín de flores muertas

Mojo mis manos en el magenta,
pinto mágicas apariencias de féminas acompasadas
Morado, dolor sin lágrimas

Mojo mis manos en el verde esperanza,
pincel en mano que no habla,
 dispongo mensajes de luz sobre un lienzo en blanco.

Lienzo que marca el camino de palabras no habladas,
de sentimientos no escritos,
de versos no emitidos.
Pinto con color lo que no se decir con palabras.

domingo, 17 de agosto de 2014

Gata enredada


La gata empezó mirando con cara curiosa al esférico y atrayente ovillo. Decidida, se abalanzó sobre la inmóvil presa, jugueteó con el cabo suelto haciendo provocadores remolinos en el aire. Las patas atroces, inciertas, torpes sacaban de cada vez a puro manotazo más y más hilo de la madeja. Juguetona, despreocupada, enredada en su propia locura, intenta torpe liberar una pata, se le enreda el rabo y sus dos orejas se han perdido tras gruesos nudos de vigorosa y blanca lana. Se sacude la cara, no hace más que enredar de nuevo. La lana lucha por zafarse. Monta algarabía de nudos y contra nudos al mejor de los estilos marineros. Lamenta el físico encuentro. La gata enredada va hacia adelante, hacía detrás ¿recuerdas? No valora el presente. Se siente incomprendida. Maúlla a la desesperada. No la oye nadie. Se acurruca agotada en el suelo, sola, enredada. Maúlla lastimera. Le sujeta el hocico una condena de lana y tramoya inventada.

jueves, 31 de julio de 2014

Consecuencias



Duerme la noche
silencio excesivo
luz obsoleta                                                                                         
susurro 
latido sordo
tictac sin voz
aire apagado
sillón muerto
rojo desgastado
azul frígido
ventana en "off "
espejo sin reflejo
libros tristes
paisaje amurallado
calor encerrado
cristal roto
teclas moribundas
Muere la noche,
se desespera la mañana

La música del corazón



                                                                                 



Había una vez una niña que nació con una música preciosa en su corazón. Todo el mundo la mimaba y adoraba porque su música interna la hacía bella a todos los ojos que la contemplaban. Nadie podía resistirse a cumplir todos sus deseos, pues ella hacía sonar su melodía cuantito veía que alguien no le sonreía. La música la traía de nacimiento y la guardaba celosamente en el corazón. Ella crecía en su castillo, protegida por todos los suyos, como si de una preciosa joya se tratara. 
Un día salió a pasear a un jardín, y empezó a caminar. Fue caminando y caminando de unas veredas más anchas a otras más estrechas, sin darse cuenta, se perdió; pero ella pensó que todo se arreglaría porque poseía la música más bella del universo en su corazón, de ese modo no se había dado cuenta que por el camino, sus melodías se habían ido derramando por la tierra, y disolviéndose en el cielo. La niña no era consciente de que se había quedado sin su preciosa y perfecta música.
Así, ignorante, siguió caminando perdida, hasta que llegó a un pueblo muy pequeño. Como no sabía a dónde ir, vio a un hombre con un coche de caballos y se dirigió a él: "Oiga, disculpe- dijo muy educadamente"- ¿Podría llevarme de nuevo a mi castillo? " El hombre la miró de arriba a abajo y le preguntó desagradablemente si tenía dinero, ella le contestó que no, entonces el cochero arrancó y le dijo riéndose de muy malas maneras " ¡Adiós mocosa!" Ella se tocó la nariz, no tenía mocos, no entendía por qué ese señor la había tratado tan mal, si  tenía una música maravillosa que todos podían escuchar y no podían dejar de admirar. Siguió caminando perdida por el pueblo desconocido, vio un pequeño mercado callejero, había un puesto de fantásticas frutas, había una dependienta que las vendía, tenía aspecto de buena persona. La niña le habló: "- Hola, me he perdido cuando daba un paseo y tengo hambre- la niña puso una de sus mejores sonrisas- ¿me podría dar una manzana?" La señora la miró al principio con lástima, luego le preguntó algo seca "- ¿Tienes dinero?" la niña agachó la cabeza y le dijo que no, entonces la señora la llamó mocosa y la echó del lado de su puesto de mala manera. A los grandes ojos de la niña asomaron  lágrimas brillantes como diamantes, se sentó en el borde de una fuente y no podía dejar de llorar. De momento, sintió una voz que le hablaba desde atrás "- Venga niña, deja de llorar, la fuente ya tiene bastante agua", la niña miró y no vio nada, pensó que sería el hambre y siguió llorando desconsoladamente. "- ¡Oh, niña! deja de llorar", la niña volvió a mirar y no vio a nadie, entonces sintió un rebullir en el agua, una música del chorro al caer y comprendió que le hablaba la fuente. "- Verás niña, llorando no vas a solucionar nada, llorar sólo sirve para estropear tus ojos. Lloras porque no te entiende nadie y no te ha dado por buscar en tu corazón, ¿no te has dado cuenta que en el camino has perdido algo importante?" la niña miró en su corazón, pero no vio nada de nada. La fuente le respondió "- Tu camino perdido repetirás si la música de tu corazón no puedes encontrar" y así sin más dejó de echar agua. La niña entonces volvió a mirar a su corazón y se dio cuenta de que estaba totalmente vacío. Se miró en el reflejo del agua parada de la fuente y no se reconoció. Ya no tenía la misma cara de cuando salió a pasear del castillo. Y sobre todo había perdido la música que había nacido con ella y se alojaba en su corazón. 
Así en estos pensamientos fue a buscar algo de comer, y caminó hacía las afueras con la idea de encontrar un árbol con frutos para poder ingerir algo. Al cabo de un rato encontró un cerezo, estiró sus brazos y comenzó a coger aquellos frutos rojos con verdadera ansiedad "-¡Ayyyy! " Oyó, como no vio a nadie, siguió arrancando cerezas  "-¡ Ayyyy!" esta vez frenó en seco, y dejó de coger la sabrosa fruta, después de todo ya había cogido bastante. Una voz habló "- ¡Hola niña! ¿siempre eres tan maleducada?"
La niña miró al lugar del que procedía la voz, era del árbol. El árbol le estaba reprochando haber cogido sus frutos sin permiso y de no haber dado las gracias, al principio la niña se ofendió un poco por la prepotencia del vegetal, grande pero vegetal al fin y al cabo, pero luego reflexionó, le pidió disculpas y le dio las gracias por permitirle cogerlas. Se sentó al lado de la fuente y una vez enjuagadas las cerezas, comenzó a comerlas, eran las cerezas más ricas del mundo. La fuente empezó a cantarle "- Con esta lección has recuperado la primera canción. Si quieres ser respetado, sé primero tú bien educado" La niña sonrió pues sintió que su corazón ya no estaba tan vacío como antes. 
La noche se venía encima, hacía frío, entonces se dirigió al puesto de frutas, la dependienta la miró desconfiada "- Y ahora tú ¿ qué quieres de nuevo?" la niña le dijo "- Necesito un lugar para dormir, esta noche hará mucho frío y estoy sola aquí" La señora le señaló unas cajas  y le dijo "- ¡Ayúdame!" La niña se miró el vestido y le hizo una negación con la cabeza "- Me mancharé. no puedo hacer eso" La señora le contestó enfadada "- Pues vete de aquí, yo no ayudo a vagas" La niña se fue al borde de la fuente y comenzó a llorar de nuevo, la fuente cantó "- Por no escuchar a tu corazón, dormirás sin un colchón" La niña se dirigió a la señora y le dijo que lo había pensado mejor y que la ayudaría, que comprendiera que ella no había trabajado nunca. Esa noche la niña durmió caliente y la señora la trató con cariño al ver que era una chica educada. A la mañana la ayudó a montar el puesto y desayunaron juntas, luego fue a lavarse la cara a la fuente, esta le habló "- Por sólo un poco de condición, has dormido por fin en un colchón. Ya tienes la segunda canción y menos vacío el corazón"
Pero la niña necesitaba volver a su casa y no conseguía encontrar la forma de hacerlo, al otro lado de la plaza seguía el antipático cochero, que la miraba desconfiado. Entonces se dio cuenta de que el caballo estaba sucio, y se le ocurrió una idea, se dirigió al cochero y le habló de esta manera "- Señor veo a su caballo algo sucio, me gustaría lavarlo y peinarlo" El hombre la miró de arriba a abajo y le preguntó con voz ronca "- ¿y qué me darás a cambio?" La niña sonrió y dejó sonar la música que llevaba en su corazón "- Lo haría sin ninguna condición, solo por el gusto de ver al animal limpio y cuidado, pero necesito regresar a mi casa porque mis amigos y hermanos estarán preocupados por mi" El corazón duro del cochero se ablandó de inmediato y la llevó a su casa una vez hizo su trabajo. Sentada en el coche de camino a casa sintió el sonido del agua en la fuente " - Si quieres recuperar la última canción, tienes que abrir tu corazón, ser responsable de tu mala acción" Cuando llegó a palacio, todos estaban muy enfadados, pero también felices de verla llegar. Su madre se echó a llorar, su padre también, entonces ella les dijo " - Perdonar queridos padres, por curiosidad me marché, pero aunque os pido disculpas porque atrás os dejé, también quiero que veáis que se fue una niña y ha regresado una mujer" Todos pudieron oír que la melodía del corazón de la niña estaba completa, incluso que ahora era más larga y encantadora que antes. Desde ese momento ella cuido su música por encima de todas las cosas y nunca más permitió que nada ni nadie le vaciara el corazón.
Siempre tuvo muchas fuentes entre sus amigas, pues eran realmente útiles, y nunca olvidó a la primera fuente que le ayudó a encontrar la música de su corazón.