Mostrando entradas con la etiqueta REFLEXIONES LITERARIAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REFLEXIONES LITERARIAS. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de agosto de 2014

Gata enredada


La gata empezó mirando con cara curiosa al esférico y atrayente ovillo. Decidida, se abalanzó sobre la inmóvil presa, jugueteó con el cabo suelto haciendo provocadores remolinos en el aire. Las patas atroces, inciertas, torpes sacaban de cada vez a puro manotazo más y más hilo de la madeja. Juguetona, despreocupada, enredada en su propia locura, intenta torpe liberar una pata, se le enreda el rabo y sus dos orejas se han perdido tras gruesos nudos de vigorosa y blanca lana. Se sacude la cara, no hace más que enredar de nuevo. La lana lucha por zafarse. Monta algarabía de nudos y contra nudos al mejor de los estilos marineros. Lamenta el físico encuentro. La gata enredada va hacia adelante, hacía detrás ¿recuerdas? No valora el presente. Se siente incomprendida. Maúlla a la desesperada. No la oye nadie. Se acurruca agotada en el suelo, sola, enredada. Maúlla lastimera. Le sujeta el hocico una condena de lana y tramoya inventada.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Yo: el protagonista de mi historia

Yo soy el protagonismo de mi historia. ¿ La viviste? Qué bien escribes, que bien lo cuentas ¿lo viviste?. No, no lo viví, o si, quizás lo escuché, quizás vi a alguien llorar o reír. También imaginé que hubiese sido así ¿Lo viví? Quizás lo soñé. El protagonista de la historia, yo. El que maneja el lápiz, el que hace tres puntos infinitos en la universo de un papel blanco. Soy el maestro del engaño, hago magia, te dibujo en una historia, hago que te introduzcas en mi espejo mágico por una puerta invisible, pero en verdad soy yo, el protagonista soy yo ¿o tú? ¿has vivido, pensado, soñado, recordado, eso? No, yo no lo viví; pero lo soñé, lo escuché, lo leí, lo vi, lo sentí ¿Lo viví?Lo encontré, lo guardé, lo escondí en un rincón de un universo en blanco ¿Cómo lo cuento?¿Quién? ¿Yo? El protagonista. No, no. Yo soy el escritor. Lo cuenta el narrador. Yo sólo le enseño lo que sé, lo que viví, lo que escuché, lo que soñé, lo que leí, lo que inventé, lo que creé ¡Lo viviste! No,no...¿no?. No, sólo lo recreé. El protagonista de mi historia, yo ¿Por qué? Porque yo soy el que manejo la punta sobre el papel blanco donde plasmo, lo que creé, lo que inventé, lo que leí, lo que soñé, lo que escuché,  lo que viví, lo que sé, lo que viví. 

domingo, 13 de octubre de 2013

El segundo renglón


Después la tinta baila inquieta sobre el blanco, se despereza, se despeina. Al comenzar la ortografía graciosa, perfecta, se va distorsionando aquí y allá, revolotea, ya no se define sobre el renglón, vuela sobre él, como las golondrinas a ras del mar. A ratos arriba, abajo, ingobernable, liberada, la muñeca ágil, suelta, la punta ladeada, la cara sobre el papel, la mano contraria en la barbilla, tirada en la cama. Surgen las palabras, embriagan el ambiente, se van y vienen, juguetean, no da tiempo a ponerlas en orden, el orden es para la técnica, y la técnica cuando estalla el corazón queda olvidada. Frases que se estrellan a golpe de recuerdos, de vivencias pasadas contra el papel. Ha comenzado la batalla del escritor, el orgasmo creador se mimetiza con el texto. Ahora la cabeza, el corazón, el papel, la tinta, la punta, todo es uno, y uno es todo. Es el genio del creador en su apogeo, la fuente pura del conocimiento básico y primitivo. Es la Sofía de la fuente experimental del saber, la experiencia misma, el primer paso al hado, la secuencia vivida, sufrida, disfrutada.
La madrugada se hace cómplice, el silencio tu cafeína, el rincón solitario tu mejor amigo. La razón vendrá después a poner orden en tanto desatino, recordará las comas, usará los puntos. Cortará los párrafos, criticará tu historia. Pero está ahí, es tu esbozo de creación literaria. Es tu momento creativo, explosión fugaz de que una vez tuviste algo que contar aunque fuera a ti mismo. El ordenador lo pondrá bonito, “ortografiará” la letra imposible, corregirá cada renglón, lo centrará, lo alineará, lo titulará. Ese, tu texto, tu creación final, es tu intento una vez más de ser escritor. Ser escritor es como ser pintor, nunca sabrás si lo has hecho bien, hasta que alguien te recuerde que lo has escrito tú.
                                                               Mª Yolanda García Ares                                                         

domingo, 29 de septiembre de 2013

Escribir acelerado


                                   


Deslizo mis ojos por el texto lleno de frases aceleradas, estallidos de una vida que se revienta y se estalla contra el papel a golpes de sentires reprimidos. Reflexiono, releo, pienso… ¿Cuándo fue la primera vez que yo sentí algo así? ¿Cuándo fue la primera vez que el lápiz rasgó a golpe de sentimientos el blanco del papel? Me pasó, claro que me pasó; fue como un parto a la vez liberador y doloroso, pero liberador. Pienso en la revisión acelerada, y el descontento, siempre el descontento del creador, el eterno descontento de que la obra no fue lo suficientemente buena, o extensa, o intensa; ¡da igual!, la autocrítica primigenia de sabernos imperfectos, incompletos y no perdonárnoslo nunca a nosotros mismos.
Leí otra vez su literatura, era buena, acelerada, explosiva; pero buena. Recordé mi juventud, mis ganas de explotar. El miedo, siempre el miedo, al papel blanco, ese que nunca se supera, igual que los actores de teatro, el miedo escénico se hace dueño de tu pulso... La pluma en la mano, la punta, un punto, otro punto, el papel… blanco, otro punto. La cabeza llena de ideas, peros sólo soy capaz de reventar a golpe de ausencia del hado tres pequeños puntos en el primer renglón del papel; luego, más tarde, la letra acelerada, el hado ha vuelto, ha regresado y tiene prisa, como un amante impaciente. Te toca, te seduce, te despierta; es inoportuno, llega a la hora inadecuada, si no te enredas con él, pasa a mejor vida. Claro que lo he vivido, sentarme frente al papel blanco, tenerle tanto respeto, tanto miedo, tanta distancia que no nos encontrábamos.
El papel blanco y la punta traviesa que se niega a transcribir nada de lo que habita en tu cabeza, ella sólo entiende del corazón y el corazón es loco, acelerado, es generoso, combativo, por eso no entiende de palabras, de frases cortas o largas, de formas verbales, de pronombres personales. El corazón escribe sobre el papel a golpe de latidos y ahora habla en presente, y otro rato en pasado. Si tiene ganas de vivir, volverá al futuro, al deseo; y si le da la timidez hablará bajito en primera persona y si tiene un día rencoroso te nombrará mil veces. Es la escritura acelerada de la persona que escribe por necesidad, necesidad de escribir para vivir.
                                                       Yolanda García