domingo, 22 de junio de 2014

Aprendiendo a hacer Haikus Japoneses



 Mimosa coqueta
Hace sombra
Sol a tu espalda




Corazón mimoso
sobre mi falda
¡Descansa!







Mimosas envidiosas

Cielo azul

¡Sal a volar!


Mimosas ruidosas
sol escondido
¡Ríete de la luz!

viernes, 20 de junio de 2014

Madre! No soy la Storni



Madre, yo no me sumergiré en la mar como Alfonsina,
Perdida entre caracolas y algas marinas.
No me dejaré acunar por la marea,
Perder la vida a cambio de una vida vacía.
Madre, yo no entraré en la mar como la Storni,
No dejaré mis poemas tendidos en la orilla,
No vaciaré mi corazón en una concha hueca.
Mi alma estará llena de letras,
El horizonte azul estará plagado de versos
El mar me traerá dulces palabras con el viento
Y mis pies caminarán firmes por la  arena,
No me dejaré secar con el salitre
Madre, yo no moriré en la mar como Alfonsina
No dejaré caer mis versos en una pasión vacía.
Madre no voy a morir como la Storni,
No dejaré mi lámpara encendida esperando un barco
que nunca llegará para nadie


Agua estancada





Yo no nací para alimentar egos.
Para ansiar corazones, para escupir decepciones
Yo no nací para hundirme en las aguas como Alfonsina
Ni como la Wolf, cargar mis bolsillos de piedras inertes
Yo no nací para admirar montañas.
Para reflejarme en el agua de un lago de agua verde y estancada
Para pararme a admirar la joya cara tras el escaparate
Yo no nací para mendigar la palabra amable
El  halago fácil, la mirada inquisitiva
Yo no nací para pararme,

No nací para mirarte
No nací para estancarme

jueves, 19 de junio de 2014

Rosa y girasol



Rosa inocente deshojada,
te sigue el fuego eterno de los días.
Vomita tu ansia en la arena mojada,
destrozada...
Hojas en flor, tiernas, indolentes
Hojas hacinadas en un desbarajuste de utopías.
Rosa inocente, deshojada,
te sigue el fuego eterno del cansancio.
¡ No razones!
¡ No pienses!
¡ No entiendas!
Compón tus hojas mientras caminas.
Usa tu fragancia como un manto invisible.
Extiende tus espinas al sol
¡ Conviértete en girasol!
Rosa inocente deshojada.
Te sigue el fuego eterno de la vida.
tiende tu tallo al cielo.
No te detengas a recoger hojas caídas.
Tiende tu flor al universo

No regresaré


No regresaré a la casa de mi madre
Allí donde danzaba la bruja buena de sol en la mañana
No regresaré al hogar perdido, sentada en la mecedora
respirando el aire de la noche, aspirando estrellas
No regresaré al cuadro móvil del mar,
a los días de levante en calma
No regresaré a la música metálica de la bahía
No regresaré al canto dialogado de risas y amores,
del gorrión encerrado en la mañana.
No regresaré al martirio del ruido eterno, 
al rumor insistente de la colmena familiar
No regresaré al cuaderno mendigado,
 al bolígrafo escondido en el cajón.
No regresaré al grito ni al espasmo,
ni a la desesperación de las manos que se torturaban en un silencio absurdo
No regresaré a la casa de mi madre.
Regresaré a otra alcoba, a otro techo,
a otra cama...
que no serán las mismas de antes.
No regresaré a la casa de mi madre.

domingo, 15 de junio de 2014

Como atún de almadraba: Tu esencia ( Zahara de los Atunes- Pueblos de Cádiz)





Subir hasta tus piedras, sentir el fresco en mi cara,
frio marítimo en la mañana
Mientras, se despereza el cielo azul,
el celeste, cobra vida
El cielo, la luz, los olores, todo es distinto,
y son distintos el día y la noche
Lo sabores, la dicha
Huele el aire a alga seca,
a salitre, a atún de almadraba
Y se mezcla el cielo con la montaña
Y las nubes bajan hasta nuestros pies
Juguetean las curvas con el coche
Siguen con  sinuosidad el ritmo imposible de la música
Mozart, Wagner, Beibegder
Una vez acomodada en tus arenas,
me gusta contemplar el horizonte
Pensar que soy una turista privilegiada, allí, perdida,
que descansa en tu imposible talud de ensueño
Huele el mar a viento fresco
A pizza recién horneada, a queso
Disuelvo en mi boca tu azúcar gruesa,
mientras me dejo seducir por un café
Sabe la tarde a tomillo marino,
a geranio reventando en las ventanas
Juega la luz con los tejados
Aparecen sombras que pintan princesas en una torre olvidada
Se pone el sol sin tregua
El deber del guerrero: regresar a casa
El deber, siempre el deber
Le robo una hora más al día
Me regodeo en la silla escuchando la mar,
inspiro una bocanada aún de aire fresco
Mil gaviotas rebuscan en tu orilla,
me levanto perezosa ya sin luz del día
El frio que se hace intenso, me echa de tu lado
Meto en el coche tu recuerdo,
tu sabor, tu calma
Regreso contorneando tus curvas,
mientras escucho a Mozart, a Wagner, a Beigbeder



lunes, 26 de mayo de 2014

La banderitas dejarlas en el baúl de los recuerdos

                                                                         



La derecha se abre paso en Europa, se instala y campa a sus anchas. No sería un problema si no tuviesen esa manía de pensar que dos terceras partes del planeta sobramos. No sería un problema si no tuviesen esa manía de aglutinar todo los beneficios para ellos, si no tuviesen la mala costumbre de sentirse padrastros y jueces. En contraposición, las izquierdas se dividen, se expanden dentro de su laberinto de creencias sociales y esperanzas disecadas por los recortes. Es siempre lo mismo, si no eres de Dios eres del Rey, pero en el fondo es la misma guerra, la misma lucha, los mismos ideales narrados, cantados, vitoreados. 
Yo soy una simple ciudadana, yo, como un sinfín de pequeños ciudadanos, lo único que pedimos es vivir en paz, con lo básico, que podamos hacer uso y disfrute de nuestra pequeña parcela de felicidad y que esté salvaguardada  de Dios, del Rey y por supuesto de los hombres. A ratos nos dan una banderita y la ondeamos al aire, al final de un palito, como chiquillos avanzamos en tal o cual manifestación creyendo que ese trozo de tela que ondea nos pertenece, pertenece a nuestra ínfima parcela de felicidad que apenas se sostiene. No es cierto, no nos dejemos engañar, esa banderita, banderola, pertenece a otros, a otros más altos, más allende los mares que vinieron y conquistaron a base de iniquidades un trozo de tierra. Si somos listos, si nos asomamos a mirar un poquito, vemos al final del negocio de la banderita, la cara del dueño de la tierra. 
Qué listo sería el ser humano si un día se plantara y sólo entendiera de una bandera, de la de vivir en paz. Qué lista la gente si sólo por una vez abriéramos las puertas de par en par y gritásemos: "Aquí todos a la orden de ya" porque todos es todos y que ni uno quede fuera del tiesto. Que si tu hijo falta, el que falta es hijo de todos y allí estamos para ayudar. Sacar a diario ese lado bueno que nada más nos sacan en las grandes tragedias, pero sin la necesidad de que eso suceda.Que bueno sería que estos, los de abajo, los divididos de izquierdas, lo seamos o no, por una sola vez, solo por una vez, tiráramos la banderola a la basura y fuéramos capaces de salir del redil de las fronteras, abriéramos la puerta y gritásemos "¡Aire entra!" y pudiésemos por fin respirar tranquilos y en paz. Por fin poner la mesa para todos en la fiesta y compartir con todos cada poco de oxígeno.
Mientras, la ultra-derecha avanza, enarbola sus discursos separatistas y recuperan sus nacionalismos de olor a naftalina de los baúles de la vergüenza. Qué fácil es dejarse llevar, caer en la trampa de la banderita, caer en la trampa del orden y del bienhacer. Qué difícil es decirles ""¡Irse!, déjennos nuestro pedacito de tierra y nuestro trocito de felicidad en paz" qué difícil es decir "¡Así NO!" Nos dejamos llevar por el discurso y la banderita una y otra vez, una y otra vez, descontentos con todo y de todos, nos agarramos al discurso neoliberal en esta vieja e insatisfecha Europa cansada y de vuelta de nada o de todo. Este continente es muy viejo, quizás demasiado viejo, pero se le ha ido la vida en noches de juerga y borracheras y parece que no ha aprendido nada. Sigue demasiado preocupada por un trozo de tela y demasiado poco por la gente, su pequeña y menuda gente, esa, la divisible, la pequeña de izquierdas, lo sean o no. A ver si tenemos suerte y no faltos de valor, esta vez,dejamos las banderolas en casa, en el cajón olvidadas y no tenemos que vestir el crespón negro por otra centuria que al final si que quedará olvidada.