martes, 20 de mayo de 2014

Estrellas y Pájaros








Ven niño, ven
Que te acunen las estrellas,
que te despierte el cantar de los pájaros en la ventana.
Niño, deja que el frío te acaricie la cara por las mañanas,
que te pese la mochila en la espalda.
Ven niño, ven
Disfruta de cada ruido del recreo,
Sueña con futuros imposibles en tu mente ingenua,
sube rápido y veloz al árbol de la ciencia.
Escapa de la rutina que adormece,
 saborea en tus sentidos las cosas eternas, las de siempre.
Ven niño, ven
Deja que una estrella te acune en la madrugada,
que los pájaros a miles te despierten en la mañana.
Apunta al sol con tu dedos ágiles,
haz una escalera de  sueños que ascienda al universo.
Ven niño, ven
Corre libre por el prado,
no temas ni al dolor ni al frío,
el monstruo del terror se ha ido lejos,
no va a regresar.
Ven niño duerme bajo las estrellas,
escucha, disfruta los pájaros en la mañana.


jueves, 15 de mayo de 2014

Me rodeo de "gente normal"


                                                                         


Me rodea una medusa de colores con sus tentáculos alados,
se acerca a mi desde un agujero negro un príncipe destronado.
A la derecha surgen una pandilla de electro duendes.
Saben decir poesía.

Subiendo en el ascensor me ha dado los buenos día un rayo de sol,
ha iluminado toda la oquedad ciega, vacía, sin aire, inerte,
 del pequeño elevador.
Me he ido a jugar a la piscina de libros, 
me ha caído encima un docto doctor,
le he pedido los papeles,
me ha dado un mamotreto para que me distraiga un montón.

Como no sé bailar sevillanas, he bailado rumbitas,
 bajo una ducha de luces, hemos cogido el cielo con la manos,
que no es por nada señores, pero es algo casi humano.

A las siete de la tarde ya estamos en el rodeo,
voy a contar los ojos que me miren mientras leo, 
luego contaré las risas, y luego las carcajadas. 
Por fin me despediré dando sólo, las gracias.


domingo, 11 de mayo de 2014

" Los hombres que hacen extraños equilibrios sobre plátanos"

   
                                                                             


   Una vez tuve un profesor que era escultor. Yo amaba a ese hombre, no me malinterpreten, lo amaba no como a mis hijos, a mi madre o a mi pareja, sino de esa otra forma de amor en la que uno admira ese bien hacer en el proceso creativo que alguien parece ejecutar con suma facilidad. Yo era torpe con el barro, me peleaba toscamente con el elemento inerte y húmedo sin conseguir nunca llevar a cabo ninguna figura con buen fin. Me embelesaba mirando las manos  de ese hombre recrear en pocos segundos de una pieza marrón verdosa, un busto, con la perfección en sus facciones de un dios griego. Entendía que le cansaban las clases y que aquello no era más que la forma de costear su vida y a escollos robados a otros retazos de la vida, su pasión, que era realmente su buen hacer artístico. Presentía con dolor que en algún momento había tenido que elegir entre ganar dinero o hacer arte a tiempo completo, y percibía su hartazgo. Buscaba un reflejo de su cansancio en el mío, aunque provocado por otros motivos quizás menos románticos y algo más mundanos.
Un día fuimos a una exposición motivados por la escuela, mi profesor exponía un par de piezas. Vamos a decir que no la vi, tropecé con ella, la esculturilla en cuestión no era demasiado grande, me disculpé al aire, roja y terriblemente azorada, mirando alrededor por si alguien se había dado cuenta del casi fiasco que había provocado. Al mirar la pequeña figura, me llené de sorpresa al ver como un minúsculo hombrecillo se balanceaba a la altura de mi pecho, a su vez estaba montado sobre un plátano en media luna y todo ello oscilaba adelante y atrás a forma de péndulo que arrancaba desde una base esférica fuertemente pegada al suelo. Me quedé un rato mirando la figura hasta que vi dirigirse hacia mí al grupo de la clase, del que yo queriendo me había alejado para poder observar todo tranquila. Sólo en aquel momento caí en mirar el nombre de la figura “Hombre haciendo extraños equilibrios sobre un plátano”. Me sonreí al leerlo, y me quedé reflexionando sobre ello un buen rato en mi regreso a la escuela. Allí en la puerta estaba el profesor, al yo llegar, siempre amable, me saludó. Yo, estúpida, le dije que me había encantado la figura y que si me daba un precio estaría encantada de poder adquirirla, tal era el asombro que la pequeña figura había provocado en mí. El me dio un precio, si bien no era especialmente caro, quedaba fuera de mi alcance, me disculpé y le dije que no podría comprarla. No voy a negar que esperaba que la abaratara con verdadera ilusión infantil para que aquella figura pasara a ser parte de mi vida y de mi casa, pero lejos de darse esa solución, el escultor-profesor entendió aquel gesto como un desdén, me dijo que una familia importante de Jerez compraría su figura y que en realidad ya estaba vendida. Le miré sin entender muy bien su gesto soberbio ¿era realmente importante que yo supiera esa información? O ¿simplemente estaba dejando claro que su trabajo no estaba a mi nivel como cliente? Aquella reflexión me acompañó hasta casa donde llegué a la conclusión de que era cierto que aquel hombre estaba ciertamente haciendo extraños equilibrios no sabía si sobre un plátano o sobre cualquier otro objeto resbaladizo. Aquella situación dejó un extraño regusto en mi boca durante algún tiempo y luego olvidé la anécdota, sólo me quedó la imagen de la pequeña figurilla oscilando insistente adelante y atrás, sin llegar a ningún lugar. Como otras tantas veces, me vi obligada a abandonar la escuela…La admiración se diluyó en el tiempo, lo bajé a la categoría de hombre y quedó junto con  su figura en el olvido de las anécdotas cotidianas que algún día contaría a mis nietos.


A veces cuando algún “hombre” que se agarra a la desesperada a su prepotencia, a su soberbia, a su falsa superioridad patriarcal me hace un feo, me hace de menos, me etiqueta como algo que no soy, cuchichean a mí alrededor, pienso que me llevé lo mejor de aquella anécdota. Me imagino a esas personas haciendo equilibrios extraños sobre un plátano y puedo aseguraros que el momentáneo dolor y ofuscación  pasa inmediatamente a convertirse en una sonrisa interior que hasta cierto punto masoquista compensa la situación, que percibo para tantas mujeres, inevitables. A las horas de la vida que voy cumpliendo tengo todo un campo lleno de anécdotas de “Hombres haciendo extraños equilibrios sobre plátanos” y puedo aseguraros que ninguno de ellos ha hecho durante demasiado tiempo  que me olvide de sonreír. Procuro con buen sentido del humor y una ironía sana tener controlada la extensión de mi curiosa y mental plantación platanera. Últimamente parece empeñada en aumentar a más velocidad de lo que yo desearía. Aun así sigo convirtiendo las pequeñas decepciones en sonrisas, y no me olvido de que los plátanos están para comérselos y no para caminar sobre ellos, pero imagino que para llegar a esa conclusión hay que tener muy desarrollada la parte femenina y no seguir  intentando estúpidamente hacer equilibrios imposibles sobre un plátano.

https://www.facebook.com/189128431104114/videos/1175978572419090/



jueves, 24 de abril de 2014

No pares


Me gusta tu amor maduro,
amor sin prisas, que pasea en mi en la madrugada
Un paseo de pies sobre la arena húmeda y mojada,
un paseo largo de manos entrelazadas,
de dulces y ahumados aromas de marisco fresco.
Me gusta tu amor tranquilo, sin aceleración,
 sin frenazo, sin salida extraña.
Un recorrido pausado en la madrugada tardía,
itinerario rutinario y conocido,
de manos y pies entretejidos.
Me gustas amor así, con tu cadencia,
dejando en el camino cada gota, cada gemido,
cada gesto de amor imposible, como siempre, al unisono.
No te frenes a mirar el horizonte, no pares, sigue...
Déjame sentir como explota cada gajo de mi naranja en oleadas interminables.
Déjame sentir como se llena la madrugada de olores de cítricos y sales,
estalla mi naranja a gajos, provocando un diluvio de emociones.
No pares, no pares!

miércoles, 23 de abril de 2014

Tus manos en mi



Tus manos son la razón de mi sinrazón,
enredadas en mi pelo alborotan todo mi ser.
Acarician mi terciopelo y lo vuelven del revés.
Tienen la habilidad de hacerse con mis sentidos
Tus manos grandes y mías,
manos que estrechan mi necesidad de ti.
Tu mano en mi nuca, hace que olvide el mundo
Tu mano en mi pecho hace que recobre mi centro
Pon tus manos en mis caderas...
Acerca tus manos a la mías,
deshaz esta madeja imposible de nudos.
Enreda tus manos en mi alma
en mi pelo, en mi pecho, en mis besos
Enreda tus manos ¡haz magia! conviérteme en agua

martes, 22 de abril de 2014

Ojalá os deje aunque sea mariposas amarillas ( poema de admiración hacía Gabriel García Marquez)



¿Qué quedará en el tiempo cuando yo me vaya?
¿Quedarán mis letras almacenadas en un millón de papeles ajados?
¿Quedarán acaso un par de lapiceros, bolígrafos y unas agendas gastadas?
¿Quedará el níspero solitario, el naranjo sin flor?
¿Dejará de cantar el gorrión conciencia?
¿Las teclas sin grafía seguirán haciendo música en la madrugada?
¿Paseará la mecedora los pensamientos inquietos de una escritora en ciernes?
¿Qué quedará en los años cuando yo me vaya?
¿Qué dejaré como patrimonio a esta generación sin esperanza?
¿Dejaré acaso una queja perdida en mi blog?
¿Dejaré esparcidos sobre la mesa coja mis pesadumbres?
¿Dejaré una estela de versos perdidos en el horizonte?
¿Qué valor os dejaré cuando yo me vaya?
Ojalá pueda dejaros una rosa amarilla
y mi camino al universo lo marcarais con un sinfín de mariposas de papel

jueves, 17 de abril de 2014

El hogar, una carcel hipotecada

                                                                              

 
Es triste pensar en la situación que vivimos un sinfín de personas en este país, que creímos en una vida mejor, que creímos en el progreso y sobre todo que confiamos en nuestro sistema gubernamental y bancario. Me desespera ver el interminable goteo de las personas que son desalojadas de sus casas por temas de impago, un goteo interminable, que empieza a no ser goteo sino un chorro de agua ponzoñosa y embarrada, agua turbia y sucia que no sirve nada más que para enlodar  un futuro ya presente, la convivencia de los ciudadanos. Ciudadanos a los que el sistema se empeña en alinear en clases paralelas de primera, segunda, tercera y aseguraría hasta cuarta categoría. Se ensanchan los vacíos, se crea más distancia entre las personas, y se nos presenta esa delgada línea de vago sostenimiento económico donde si uno cae de un lado es que está loco y si cae del otro, sencillamente está muerto.
El que creíamos un hogar, la casa de uno, el lugar de seguridad y de desarrollo personal pasa a ser una cárcel donde el único trabajo a desarrollar es el de sentarse a esperar si vas a ser el siguiente en caer de la cuerda. Implorar a cada segundo si habrá dinero el mes que viene para pagar un recibo más, si habrá para pagar la disminuida cesta de la compra. La luz, el gas y el agua han pasado a ser mercancía de lujo y adquirir pan o leche, un sueño a alcanzar en muchas familias. La tortilla ha dado la vuelta, ya no hay quién permanezca de pie en la cubierta. El barco hace aguas por todos lados, las familias al pie de la desesperación más absoluta.
Mientras, los políticos se empeñan en vivir sus lejanas vidas paralelas, allí desde donde no se ve ninguna realidad. Se sientan a negociar por veinte casas, y prometen llevarse bien. ¿Quién dotará de casas a los más de un sinfín de personas que están perdiendo sus casas día a día? No son veinte, son muchísimas más. ¿Quién dotará de una solución final a las más de un innombrable número de ciudadanos, que estamos aguantando callados, sobre la cuerda floja, los pagos de una hipoteca carcelaria, de unos créditos personales cercenantes? ¿Quién pondrá fin a toda esta situación esclavista del sistema, en la cual uno trabaja para pagar, y paga para no poder vivir? Eso si,  podrán quitárnoslo todo, pero la palabra, la palabra no nos la quitarán.